Estaba pensando en subir algo como esto a tumblr, que ese como el lugar oficial donde expresar la mierda que realmente llevas dentro, pero entre que si nadie lo tomara en cuenta me deprimiría más, y que algunos de mis followers son gente que conozco IRL, pues no parece ser la mejor de las ideas. Además, esta es mi puerta de salida de energías negativas personal, así que debe hacerle honor a su nombre.
Aquí vamos.
Hace meses que el mantra quiero morir, quiero morir, quiero morir perdió el significado que originalmente tuvo, para ser simplemente una forma de decir pensar. Después de todo, suicidarse no es lo mismo que no-existir, que es lo que realmente deseo; deja una marca de algo que existió y ya no está, un boquete en los corazones y mentes de las personas que me conocieron. Y eso podría hacerles sentir culpables, que no es la idea.
Pero eso nos lleva al hecho de que estoy atada al... ¿sufrimiento existencial le llaman? por tener que pensar en el bien de los demás...
Además, no es que realmente sufra, es simplemente una ansiedad causada por el estress de pensar que hay cosas que tengo que hacer y no quiero. Sólo el estress, ese que sirve de combustible a otras personas, y que a mí me paraliza, al punto de poder estar horas frente a la cosa en cuestón pensando el lo mucho que no quiero hacerlo. Y ni siquiera es que tenga mucho que hacer, me limito a estudiar, comer, dormir, surfear.
Como ejemplo, ahora debería estar leyendo un texto para uno de los ramos de la universidad, texto de 240 págs. app, de las que llevo 13, muchas gracias. Creo que en la prueba de mañana escribiré, con la letra más guapa que pueda hacer luego de no dormir esta noche, "Nos vemos el próximo año, profesora B."
Y además, claro, está la influencia de que realmente no quiero estar en este lugar. En un principio, la gente de esta pensión sólo me caía mal, porque no encajaban con mi forma de ser y punto. Con el tiempo descubrí que, efectivamente y a pesar de haber desechado esa idea durante muchos año, si puedo odiar a la gente. Ya no soy Linsey Wells. Ah, la convivencia.
Y eso nos lleva a otro punto: en un principio, comer con ellos sólo era incómodo y aburrido. Después, a veces, la incomodidad llegaba al punto de que no comía nada porque no quería pedirles que me pasaran, no sé, una bolsa de té, o la fuente de las papas, por decir algo. No quería hablarles. Para evitar hablarles, comenzé ha subir a comer después que ellos terminaban: escuchaba desde mi habitación atentamente, esperando el sonido de las sillas moverse, las conversaciones desplazándose de habitación... Pero eso no siempre funcionaba; en ocasiones alguien se quedaba mirándo la TV, o haciéndo sobre mesa, o peor, esperándome. Y desde quí es donde dejo de subir a comer. Nunca tomo once; almuerzo en la U (lo cual implica quedarse después de clases haciéndo nada) o si salen a alguna parte y no hay nadie en el camino. Y si no me despierto lo sificientemente temprano para desayunar antes de que el resto de la casa despierte... bueno, no desayuno.
No es que realmente me importe, pero es molesto cuando no puedo concentarme en algo que quiero leer porque mi cerebro no tiene de dónde sacar la energía necesaria, ya vez.
Ahora bien, a fin de mes, voy a mudarme de aquí y comenzaré a vivir sola, que durante años a sido mi mayor (y único) sueño. Dos semanas más soportando esto y podré descansar, por decirlo de alguna forma.
Pero sé perfectamente que nada cambiará en realidad. Porque no es dónde estás o qué haces lo que importa, sino el estado mental que tú mismo generas que lo te permite ser feliz o infeliz en cualquier situación. Y esto no parece ir por un buen camino, para nada.
Anónimo dijo...
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