Era un ave, volando en busca de un lugar más cálido para anidar. Pero todos los lugares que conocía habían sido cambiados por los humanos: bosques nativos y desiertos floridos eran ahora jardines artificiales, peligrosos, llenos de venenos y trampas...
Pregunté a otros animales, y nos dijeron que existía un río, que atravesaba de mar a cordillera -veía imágenes de lo que contaban, hermosas, aunque por alguna razón había un tigre-, y que quizá encontraramos en él el sitio adecuado.
Volamos en su búsqueda, y cada vez subíamos más y más por él, hasta casi llegar a su nacimiento. Había mucha vida en sus riveras, mucha; no se parecía a la cordillera que yo recordaba, era casi... tropical. Paramos al fin, y bebimos agua de un especie de estanque -comenzaba a despertar y se sentía asqueroso comer los peces que había en ella-.
Me adentré en él y vi una especie de anguila, que intentó atacarme, y yo sabía que era más peligrosa que en el pasado, no recuerdo porqué. Escapé a tierra como pude, aún mojada, pasé por hierbas bajas y luego por unas más epigadas, doradas, con florecillas lilas; intenté escapar nuevamente, porque de alguna forma sabía que ahora esas hierbas eran de alguna forma tóxicas, como no lo habían sido en el pasado. No eran letales inmediatamente, claro, pero las aves jóvenes, que aún debían encontrar una pareja, necesitaban estar ahí mucho tiempo...
Intentaba huir, pero mis plumas etaban tan pesadas por el agua. Entones, apareció un... lagarto? ave? me pareció un pequeño dinosaurio. E intentó atacarme. Yo quería huir, huir, pero era tan pesada, y estaba tan cansada...
Y entoces, me mordió.
Y vi/escuché una especie de disculpa: habían olvidado agregar que la mordida de ese ser era ahora 20 veces más efectiva. Y algo de Grenpeace? y el Día de la Tierra
Y desperté.
El sueño había llegado un día tarde. O noche.
Y me seguía doliendo el costado derecho, donde ese dinosaurio me había mordido.
(Y sí, realmente soñé esto el 23 de abril. O 24, no recuerdo muy bien)
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